En abril del 2015, en medio de un Panamericano de Lucha, Yasmani Acosta, un cubano de 1,95 metros y 130 kilos de peso nacido en Matanzas, tomó una decisión que le cambiaría la vida: decidió desertar en Santiago de Chile. En su país no había esperanzas deportivas, ya que crecería a la sobra de Mijaín López, el mejor exponente de la lucha grecorromana en la historia.

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