Tras la elección presidencial del domingo en Venezuela, en la que Nicolás Maduro se dio por triunfador sin mostrar las actas hasta hoy, Chile fue uno de los primeros países del mundo en cuestionar los resultados y en exigir transparencia. Lo hizo el presidente de izquierdas Gabriel Boric, a través de un mensaje en su cuenta de X, seguido por una declaración de su canciller Alberto van Klaveren (Ámsterdam, 75 años). La postura tuvo consencuencias casi inmediatas, y tomó por sorpresa a las autoridades chilenas, pues el lunes el régimen chavista ordenó el retiro del cuerpo diplomático en Caracas y tomó la misma medida con el personal de la embajada en Santiago, dejando a la deriva a los más de 700.000 venezolanos que han migrado. Cuando el embajador de Maduro, Arévalo Méndez, se retiró del lugar, en el sector oriente de la capital chilena, gritó: “¡Muera el fascismo!”.

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