“Buenas noches”, dijo en español el presidente ruso, Vladimir Putin, a los dos niños que habían descendido del avión en Moscú junto a sus padres, Artem Dultsev y Anna Dultseva, y otros presos liberados en el mayor intercambio entre Rusia y Occidente desde la Guerra Fría. Los menores, de ocho y diez años, estaban desconcertados. No sabían quién era la persona que los saludaba y acababan de descubrir la verdadera identidad de sus padres, dos espías de Moscú, pocas horas antes. “Descubrieron que eran rusos solo cuando el avión despegó de Ankara”, reveló este viernes el portavoz gubernamental ruso, Dmitry Peskov.